Los incendios forestales que hoy afectan al sur de Chile ya no pueden entenderse como eventos excepcionales ni como catástrofes aisladas. Son la manifestación más visible de un conjunto de transformaciones profundas que están alterando los ecosistemas, los territorios y la vida de las comunidades. Procesos de cambio global que incluyen la degradación de los suelos, la pérdida de biodiversidad y determinados modelos de uso del territorio, sumado a la preponderancia de las actividades humanas en las igniciones, han configurado un escenario donde el fuego se vuelve cada vez más frecuente, más intenso y más difícil de controlar.
Más allá de la emergencia inmediata, los incendios están modificando patrones y procesos ecológicos fundamentales. Se afectan ciclos de regeneración natural, se empobrecen los suelos, se altera la disponibilidad hídrica y se reduce la resiliencia de los ecosistemas frente a futuros eventos extremos. A esto se suman impactos sociales y económicos críticos: pérdida de medios de vida, daño a infraestructura, desplazamiento de comunidades y un aumento sostenido de los costos públicos asociados a la respuesta y reconstrucción.
En este contexto, la pregunta clave no es solo cómo reaccionamos frente al fuego, sino cómo nos preparamos y cómo reconstruimos. Y es aquí donde la ciencia y la innovación dejan de ser un lujo o un tema sectorial, para convertirse en una herramienta estratégica al servicio del país.
Durante años, la respuesta frente a los incendios ha estado dominada por la urgencia: apagar el fuego, evaluar daños y reforestar lo antes posible. Sin embargo, reforestar no es sinónimo de restaurar. Plantar árboles sin considerar evidencia científica puede reproducir vulnerabilidades, generar ecosistemas menos diversos o incluso aumentar el riesgo de nuevos incendios. La ciencia nos permite hacer las preguntas correctas: ¿qué especies son más adecuadas para cada territorio?, ¿qué características genéticas y adaptativas aumentan la resistencia al estrés hídrico o al fuego?, ¿cómo restaurar funciones ecológicas y no solo cobertura vegetal?
Desde las universidades regionales, y particularmente desde la Universidad de La Frontera, hemos asumido que enfrentar estos desafíos requiere investigación aplicada, innovación tecnológica y una fuerte conexión con los territorios. En esa línea se inscribe el proyecto de reforestación que hoy busca generar árboles más fuertes y resistentes, incorporando conocimiento científico para mejorar la adaptación de las especies a escenarios de incendios recurrentes y estrés ambiental.
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