En nuestra región, los relaves mineros suelen ser vistos como una amenaza latente. Su presencia en valles agrícolas despierta preocupación por sus posibles impactos ambientales y en la salud de las personas. Esta tensión histórica entre minería y agricultura parece irreconciliable, especialmente, en territorios donde ambos sectores son motores económicos.
Pero estos relaves también pueden mirarse desde otra perspectiva, pues son depósitos que concentran más de dos siglos de historia minera, y en su interior, albergan un archivo químico y biológico único en el mundo. Esa mirada es la que han impulsado académicos y académicas de la Universidad de O’Higgins, quienes, en colaboración con Minera Valle Central y Codelco El Teniente, han logrado aislar bacterias extremófilas desde estos pasivos mineros. Estas bacterias únicas, capaces de sobrevivir a ambientes con altas concentraciones de metales y acidez, presentan un enorme potencial para procesos de biolixiviación, permitiendo recuperar minerales como las tierras raras, esenciales para la electrolmovilidad y la transición energética. Al mismo tiempo, algunas cepas muestran efectos bioestimulantes en agricultura, mejorando la resistencia de las plantas ante condiciones adversas, al actuar como una suerte de vacuna natural.
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