En el contexto actual de transformaciones rápidas y profundas a nivel global, la capacidad de anticipación se ha convertido en una herramienta esencial para los Estados que buscan navegar en la incertidumbre y proteger a su población. Cada vez es más evidente que desarrollar capacidades prospectivas no es solo una opción deseable, sino una necesidad para enfrentar los retos y aprovechar las oportunidades que plantea un mundo en constante cambio. Desde los cambios climáticos, la evolución tecnológica y los mercados emergentes, hasta las profundas transformaciones culturales, requieren un abordaje sistémico, que incorpore el conocimiento disponible y con perspectiva de largo plazo.
Países como Alemania, Dinamarca, Estados Unidos, Finlandia, Reino Unido y Singapur ya cuentan con institucionalidades consolidadas para la prospectiva. Estos países han establecido instancias reguladas que incorporan el conocimiento científico en los procesos de toma de decisiones públicas, asegurando así la preparación frente a posibles escenarios futuros. En el caso de España, el Instituto Español de Estudios Estratégicos ofrece un ejemplo destacado al coordinar esfuerzos entre ciencia, tecnología y políticas públicas. Finlandia, a través de su Comité de Futuro del Parlamento, aborda las incertidumbres mediante un enfoque interdisciplinario que combina prospectiva y sostenibilidad. Otro caso interesante es el Centro para el Futuro Estratégico de Singapur (CSF) que se orienta a desarrollar capacidades de anticipación para el diseño de políticas públicas desde la oficina del Primer Ministro, desde donde se articula el esfuerzo con los otros organismos del Estado.